Han pasado dos días y sigo sin saber nada de Marco Denti. Lo único que sé es que se ha quedado en su apartamento de Roma para adelantar trabajo y concluir algunas cosas antes del desfile de París, al menos es lo que me dijo Piero.
Me sentí bastante más tranquila al saber que, al menos, se encontraba bien y que se preocupaba por mi tranquilidad.
No dejo de pensar en todo lo ocurrido esa noche en el jardín. Aún siento la llama de sus besos en mis labios, pero sé que algo hice mal y lo he estropeado todo. Quizás si no hubiera mencionado esas dos palabras, ese "te amo", hoy estaría aquí y no aislado en un apartamento de Roma. Quizás exista otra chica y yo solo sea un objeto más de este castillo. El solo hecho de imaginar a Marco con otra me ahoga el pecho y me nubla los ojos de lágrimas.
No puedo estar sola horas y horas metida en esta habitación. Esto es como una jaula de oro, sí es de oro, pero es una jaula y me siento aprisionada. Decido bajar a la cocina para pedirle un capuccino a María y así con esa excusa, poder desahogarme con alguien. Ella es como mi madre, me escucha y me aconseja, y en estos momentos es lo que más necesito.
Llego a la cocina y me sonríe. María es como mi ángel de la guarda en este edificio, aunque según Marco él es mi verdadero protector.
-Hola señorita. ¿Desea algo? -me pregunta con esa voz tierna y dulce que le caracteriza.
-Llámame Catalina, por favor. Necesito un capuccino y compañía. -le digo intentando disimular mi voz temblorosa.
-Enseguida se lo preparo. -María comienza a preparar la leche. -¿Qué te ocurre, querida?
-María, me siento como si estuviera en una cárcel de oro, pero es una cárcel. Quiero estar, pero tengo mucho miedo y no sé cómo tratar a Marco. -comienzo a llorar.
María se acerca a mi y me abraza. Con su abrazo siento que tengo a alguien aquí, ya que Marco me ha abandonado.
-Catalina, ¿Puedo hacerle una pregunta? -dice María.
-Sí, por supuesto.
-Si siente tan enjaulada, ¿Por qué continúa aquí? Cualquier persona, en su lugar, ya habría hecho las maletas y habría huido.
-No lo sé. Realmente no sé. -respondo.
-Yo sí. A veces nos sentimos solos aunque estemos rodeado de gente, y por mucho lujo que tengamos siempre nos falta algo más, pero encontramos a alguien en quién refugiarnos y nos damos cuenta de que esa persona es el motivo por el que continuamos en esa prisión. Él es tu motivo para seguir y créeme, le conozco desde que nació y sé que tú también eres su motivo. -termina abrazándome de nuevo y siento que lleva toda la razón.
....
Continúa leyendo en La modelo del antifaz en Bubok.
No hay comentarios:
Publicar un comentario