Aún recuerdo la primera vez que le vi, con traje gris y corbata roja; con ese olor a canela que me encanta, y con esos ojos verdes donde, aún hoy, quiero perderme como si en una selva amazónica se tratase. Mi pulso comenzaba a acelerarse; notaba como la sangre circulaba ardiente por todo mi cuerpo, como si de lava volcánica se tratase y mis labios humedecidos deseaban con locura acercarse a los suyos, los más rosados y carnosos que yo había visto. No sé qué hechizo produjo en mi, pero sí sé que desde que le conocí mi vida no ha vuelto a ser la misma.
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