Retira la silla situada a su izquierda y me siento. Mientras él abre una botella de vino, debe de tener los mismos años que este edificio por su aspecto.
-Quiero agradecerle todas las atenciones que está teniendo conmigo, pero no creo que esto sea necesario. -le aclaro mientras me ofrece la copa.
Comienza a apartarse la ensalada de mozzarella y tomate. Estamos unos segundos en silencio y me mira fijamente.
-Catalina. Ya lo hablamos aquella noche en el Ritz. Mi único deber es protegerte y cuidarte. Todo esto es poco.
-Pero usted me contrató coml modelo, no hablamos de alojamiento. Solo soy una trabajadora más, no su huésped. -le contesto enfurecida y desafiándole.
-No eres una trabajadora más y tampoco eres mi huésped. Eres lo más especial que he tenido en años. -afirma de una manera contundente.
-Yo vine a trabajar y no entiendo qué hago viviendo bajo su mismo techo.
Deseo que me aclare todas estas dudas que no me dejan dormir.
-Háblame de tú, por favor. -me dice con voz tranquila y serena.
-Catalina. Tú para mi eres mucho más que una simple modelo desde la primera vez que te vi. Desde ese día me propuse protegerte y ser el faro de tus pasos. Disfruta de todo esto y no le des más vueltas.
Empieza a comer tranquilamsnte. De nuevo, Marco ha decidido poner fin a esta conversación, pero yo no.
-Es que tú no tienes ningún deber conmigo. No necesito que me cuides. Tengo familia y soy mayor de edad. Esto se acabó. -termino la frase levantándome.
Me dirijo a la puerta y él se levanta inmediatamente y me detiene antes de que llegue a cruzarla. Me agarro de los brazos y mirándome con lágrimas en los ojos me pide que no me vaya.
-Catalina ahora no. Ahora que te he encontrado no puedes irte de mi lado. Me moriría de nuevo. Ya no puedo permitirme sentir ese dolor una vez más.
-¿Morirte de nuevo? Es que no logro descifrarte, Marco.
-Hay cosas de mi que no sabes, querida.
Me suelta de los brazos y se echa la mano a la cabeza. Está nervioso. Se lo noto. Se mueve y se toca el pelo una y otra vez. Tiene un pasado que quiere ocultarme y eso me inquieta.
-Es que nunca puedes darme una respuesta, Marco. Eso es frustrante para mi. No puedo saber si eres el príncipe o el verdugo. No puedo continuar así. -digo mientras vuelvo a dirigirme a la puerta. Ahora no viene detrás, simplemente se apoya en la mesa.
-Solo puedo decirte que nunca te haría daño. -afirma con la cabeza agachada mirando al suelo, como con actitud derrotista.
-¿Qué puedo hacer para que te quedes aquí? Dímelo.
-Quiero trabajar. Por eso he venido aquí.
Levanta la cabeza ilusionado y se acerca de nuevo. Esta vez sin tocarme. Mi cuerpo desea que lo haga. Su piel y mi piel es la mejor fusión que puede existir.
-Está bien, pero hay unas condiciones. -habla el Marco Denti jefe.
-¿Cuáles? -pregunto con miedo. Por mi menten pasan las ideas más perversas.
-Quiero que desfiles, y que vivas en mi casa, conmigo. No quiero que malvivas en algún apartamento de mala muerte.
-No lo veo muy lógico, pero acepto. -digo sin mucha fuerza para no seguir discutiendo con este hombre.
Se vuelve a pasar la mano por el pelo, así que creo que existen más condiciones que tengo que saber.
-Hay una condición. -me aclara Marco Denti.
-Quiero que nadie conozca tu identidad. Quiero que desfiles con antifaz.-afirma mi futuro o ya jefe.
......
Continúa leyendo en La modelo del antifaz en Bubok.
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