Inmediatamente el botones deja las maletas en mi habitación, le doy las gracias y se marcha. Solo puedo echarme en la cama a llorar. Sé que no debo tener esta actitud derrotista, pero le amo y él... Él ni siquiera me ha mirado y yo disfrazada de gran dama solo para entusiasmarle. A veces creo que significo algo para él, pero otras veces piensp que es uno de esos que solo quieren aprovecharse de la situación y que los sentimientos le repelen.
Yo he venido aquí a trabajar, lo demás no debe importarme. Solo quiero dormir.
Alguien toca la puerta y me despierto de un profundo sueño. Se trata del botones.
-Señorita Egea, la cena está servida. Puede bajar al comedor. El señor Denti y su asistente también están avisados. -me informa el muchacho de acento francés.
-Gracias, pero me gustaría tomar la cena en mi habitación si no hay ningún problema. -ya estoy harta de las arrogancias del señor Denti. Ahora voy a poner mis normas yo.
-Sí, por supuesto. Como usted guste.
El muchacho solo tarda veinte minutos en traerme una deliciosa cena, aunque realmente no tengo demasiado apetito, pero es un bistec de ternera con verduras asadas y puré. También hay paté de pato, cóctel de frutas y un trozo de pastel de chocolate.
Empiezo a cortar el bistec cuando vuelve a sonar mi puerta. Abro y me encuentro a un Marco Denti con poca cara de amigos...
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miércoles, 21 de mayo de 2014
jueves, 8 de mayo de 2014
Oculta tras un antifaz
Retira la silla situada a su izquierda y me siento. Mientras él abre una botella de vino, debe de tener los mismos años que este edificio por su aspecto.
-Quiero agradecerle todas las atenciones que está teniendo conmigo, pero no creo que esto sea necesario. -le aclaro mientras me ofrece la copa.
Comienza a apartarse la ensalada de mozzarella y tomate. Estamos unos segundos en silencio y me mira fijamente.
-Catalina. Ya lo hablamos aquella noche en el Ritz. Mi único deber es protegerte y cuidarte. Todo esto es poco.
-Pero usted me contrató coml modelo, no hablamos de alojamiento. Solo soy una trabajadora más, no su huésped. -le contesto enfurecida y desafiándole.
-No eres una trabajadora más y tampoco eres mi huésped. Eres lo más especial que he tenido en años. -afirma de una manera contundente.
-Yo vine a trabajar y no entiendo qué hago viviendo bajo su mismo techo.
Deseo que me aclare todas estas dudas que no me dejan dormir.
-Háblame de tú, por favor. -me dice con voz tranquila y serena.
-Catalina. Tú para mi eres mucho más que una simple modelo desde la primera vez que te vi. Desde ese día me propuse protegerte y ser el faro de tus pasos. Disfruta de todo esto y no le des más vueltas.
Empieza a comer tranquilamsnte. De nuevo, Marco ha decidido poner fin a esta conversación, pero yo no.
-Es que tú no tienes ningún deber conmigo. No necesito que me cuides. Tengo familia y soy mayor de edad. Esto se acabó. -termino la frase levantándome.
Me dirijo a la puerta y él se levanta inmediatamente y me detiene antes de que llegue a cruzarla. Me agarro de los brazos y mirándome con lágrimas en los ojos me pide que no me vaya.
-Catalina ahora no. Ahora que te he encontrado no puedes irte de mi lado. Me moriría de nuevo. Ya no puedo permitirme sentir ese dolor una vez más.
-¿Morirte de nuevo? Es que no logro descifrarte, Marco.
-Hay cosas de mi que no sabes, querida.
Me suelta de los brazos y se echa la mano a la cabeza. Está nervioso. Se lo noto. Se mueve y se toca el pelo una y otra vez. Tiene un pasado que quiere ocultarme y eso me inquieta.
-Es que nunca puedes darme una respuesta, Marco. Eso es frustrante para mi. No puedo saber si eres el príncipe o el verdugo. No puedo continuar así. -digo mientras vuelvo a dirigirme a la puerta. Ahora no viene detrás, simplemente se apoya en la mesa.
-Solo puedo decirte que nunca te haría daño. -afirma con la cabeza agachada mirando al suelo, como con actitud derrotista.
-¿Qué puedo hacer para que te quedes aquí? Dímelo.
-Quiero trabajar. Por eso he venido aquí.
Levanta la cabeza ilusionado y se acerca de nuevo. Esta vez sin tocarme. Mi cuerpo desea que lo haga. Su piel y mi piel es la mejor fusión que puede existir.
-Está bien, pero hay unas condiciones. -habla el Marco Denti jefe.
-¿Cuáles? -pregunto con miedo. Por mi menten pasan las ideas más perversas.
-Quiero que desfiles, y que vivas en mi casa, conmigo. No quiero que malvivas en algún apartamento de mala muerte.
-No lo veo muy lógico, pero acepto. -digo sin mucha fuerza para no seguir discutiendo con este hombre.
Se vuelve a pasar la mano por el pelo, así que creo que existen más condiciones que tengo que saber.
-Hay una condición. -me aclara Marco Denti.
-Quiero que nadie conozca tu identidad. Quiero que desfiles con antifaz.-afirma mi futuro o ya jefe.
......
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-Quiero agradecerle todas las atenciones que está teniendo conmigo, pero no creo que esto sea necesario. -le aclaro mientras me ofrece la copa.
Comienza a apartarse la ensalada de mozzarella y tomate. Estamos unos segundos en silencio y me mira fijamente.
-Catalina. Ya lo hablamos aquella noche en el Ritz. Mi único deber es protegerte y cuidarte. Todo esto es poco.
-Pero usted me contrató coml modelo, no hablamos de alojamiento. Solo soy una trabajadora más, no su huésped. -le contesto enfurecida y desafiándole.
-No eres una trabajadora más y tampoco eres mi huésped. Eres lo más especial que he tenido en años. -afirma de una manera contundente.
-Yo vine a trabajar y no entiendo qué hago viviendo bajo su mismo techo.
Deseo que me aclare todas estas dudas que no me dejan dormir.
-Háblame de tú, por favor. -me dice con voz tranquila y serena.
-Catalina. Tú para mi eres mucho más que una simple modelo desde la primera vez que te vi. Desde ese día me propuse protegerte y ser el faro de tus pasos. Disfruta de todo esto y no le des más vueltas.
Empieza a comer tranquilamsnte. De nuevo, Marco ha decidido poner fin a esta conversación, pero yo no.
-Es que tú no tienes ningún deber conmigo. No necesito que me cuides. Tengo familia y soy mayor de edad. Esto se acabó. -termino la frase levantándome.
Me dirijo a la puerta y él se levanta inmediatamente y me detiene antes de que llegue a cruzarla. Me agarro de los brazos y mirándome con lágrimas en los ojos me pide que no me vaya.
-Catalina ahora no. Ahora que te he encontrado no puedes irte de mi lado. Me moriría de nuevo. Ya no puedo permitirme sentir ese dolor una vez más.
-¿Morirte de nuevo? Es que no logro descifrarte, Marco.
-Hay cosas de mi que no sabes, querida.
Me suelta de los brazos y se echa la mano a la cabeza. Está nervioso. Se lo noto. Se mueve y se toca el pelo una y otra vez. Tiene un pasado que quiere ocultarme y eso me inquieta.
-Es que nunca puedes darme una respuesta, Marco. Eso es frustrante para mi. No puedo saber si eres el príncipe o el verdugo. No puedo continuar así. -digo mientras vuelvo a dirigirme a la puerta. Ahora no viene detrás, simplemente se apoya en la mesa.
-Solo puedo decirte que nunca te haría daño. -afirma con la cabeza agachada mirando al suelo, como con actitud derrotista.
-¿Qué puedo hacer para que te quedes aquí? Dímelo.
-Quiero trabajar. Por eso he venido aquí.
Levanta la cabeza ilusionado y se acerca de nuevo. Esta vez sin tocarme. Mi cuerpo desea que lo haga. Su piel y mi piel es la mejor fusión que puede existir.
-Está bien, pero hay unas condiciones. -habla el Marco Denti jefe.
-¿Cuáles? -pregunto con miedo. Por mi menten pasan las ideas más perversas.
-Quiero que desfiles, y que vivas en mi casa, conmigo. No quiero que malvivas en algún apartamento de mala muerte.
-No lo veo muy lógico, pero acepto. -digo sin mucha fuerza para no seguir discutiendo con este hombre.
Se vuelve a pasar la mano por el pelo, así que creo que existen más condiciones que tengo que saber.
-Hay una condición. -me aclara Marco Denti.
-Quiero que nadie conozca tu identidad. Quiero que desfiles con antifaz.-afirma mi futuro o ya jefe.
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domingo, 4 de mayo de 2014
Una simple modelo
Llego a mi habitación, después de muchos pasillos y puertas que no sé a dónde llevan y me siento en la cama. Me empiezo a quitar los zapatos cuando veo que me he dejado el móvil en el bolso. Con tanto ajetreo ni me acordaba de él. Lo miro y veo un mensaje.
Querida señorita Egea, siento no poder estar ahí con usted, pero hoy tengo mucho trabajo en Roma. Deseo que se sienta cómoda en mi casa y que todo sea de su agrado. Nos vemos a la hora de cenar. Un beso.
Pd: escoja el vestido que más le guste.
Marco Denti.
Este hombre ya sabe hasta mi teléfono y no me extraña que conozca hasta mi grupo sanguíneo. Sigo sorprendiéndome y no debería hacerlo ya. Y llama casa a un inmenso castillo. Esto me produce carcajadas. Marco Denti tiene humor y puede llegar a ser algo irónico. Suspiro. Al fin y al cabo reconozco que me muero de ganas por volver a tenerle enfrente.
Pero también ha hablado en el mensaje algo de un vestido. ¿A qué vestido se referirá? ¿Me va a llevar de compras? Mi mente vuelve a burlarse de mi y de mis pensamientos absurdos, aunque no conoce a Marco Denti como le conozco yo. Con él todo, absolutamente todo puede pasar.
Con todo esto recuerdo que mi ropa sigue en las maletas, así que empiezo a sacar cosas y sobretodo las prendas más delicadas. Abro el gran armario que hay en mi cuarto y veo que está repleto de ropa. Hay jerseys, vaqueros, blusas, ropa de verano y ropa de invierno. En los cajones hay pijamas y hasta ropa interior. Todo esto puede conmigo. Hasta me ruborizo. Un hombre comprándome ropa interior... Desde luego que es imprevisible.
Abro una puerta que hay justo al lado del servicio y descubro un enorme vestidor repleto de hermosos, bellisímos vestidos de cóctel, de todos los colores y tejidos. Por supuesto toda la ropa lleva su marca, Denti.
Ahora sé que a lo que se refería y ahora entiendo a María. Al parecer, yo solo soy la invitada de honor de Marco Denti o quizás quiere que desfile todo esto para él.
....
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Querida señorita Egea, siento no poder estar ahí con usted, pero hoy tengo mucho trabajo en Roma. Deseo que se sienta cómoda en mi casa y que todo sea de su agrado. Nos vemos a la hora de cenar. Un beso.
Pd: escoja el vestido que más le guste.
Marco Denti.
Este hombre ya sabe hasta mi teléfono y no me extraña que conozca hasta mi grupo sanguíneo. Sigo sorprendiéndome y no debería hacerlo ya. Y llama casa a un inmenso castillo. Esto me produce carcajadas. Marco Denti tiene humor y puede llegar a ser algo irónico. Suspiro. Al fin y al cabo reconozco que me muero de ganas por volver a tenerle enfrente.
Pero también ha hablado en el mensaje algo de un vestido. ¿A qué vestido se referirá? ¿Me va a llevar de compras? Mi mente vuelve a burlarse de mi y de mis pensamientos absurdos, aunque no conoce a Marco Denti como le conozco yo. Con él todo, absolutamente todo puede pasar.
Con todo esto recuerdo que mi ropa sigue en las maletas, así que empiezo a sacar cosas y sobretodo las prendas más delicadas. Abro el gran armario que hay en mi cuarto y veo que está repleto de ropa. Hay jerseys, vaqueros, blusas, ropa de verano y ropa de invierno. En los cajones hay pijamas y hasta ropa interior. Todo esto puede conmigo. Hasta me ruborizo. Un hombre comprándome ropa interior... Desde luego que es imprevisible.
Abro una puerta que hay justo al lado del servicio y descubro un enorme vestidor repleto de hermosos, bellisímos vestidos de cóctel, de todos los colores y tejidos. Por supuesto toda la ropa lleva su marca, Denti.
Ahora sé que a lo que se refería y ahora entiendo a María. Al parecer, yo solo soy la invitada de honor de Marco Denti o quizás quiere que desfile todo esto para él.
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