Al cabo de unos minutos aparece por mi habitación. Ya va vestido tan perfecto como suele ir siempre, con traje de chaqueta azul marino, camisa blanca y corbata de rayas azules y grises. El pelo perfectamente colocado y el perfume envolviéndole. Me quedaría en la cama con este Dios de la belleza y la perfección todo el día, definitivamente ¿a quién le importa el desfile? No, no. Mi mente vuelve a enchufarse y vuelve la coherencia que pierdo cuando estoy con mi Marco. El desfile es trascendental para esta empresa y para mi también.
Se acerca a mi y trae una caja en las manos. No es muy grande. No sé exactamente qué puede esconder en ella. ¿Algún tipo de regalo tal vez?
-Buenas días, princesa. -me saluda cariñosamente besándome en los labios de una manera dulce.
-Buenos días, aunque me he despertado sola en la cama. -le reprocho.
-Toma, Catalina. Ábrelo. -me ordena.
Abro la caja como si fuera a salir una serpiente o cualquier animal que pueda atacarme. Espero cualquier cosa sorprendente de este hombre. Y descubro que se trata de un antifaz y recuerdo su petición o más bien de una de sus condiciones, que desfilara oculta tras un antifaz y aún sigo sin saber por qué.
Saco de la caja esta especie de máscara. Es delicado y glamuroso. Despierta cierta erotismo de solo pensar en hacer el amor tapada con esta máscara y eso me encanta.
-¿Recuerdas mi condición? Solo podrás desfilar tapando el rostro con este antifaz. -me refresca la memoria.
-Sí. Lo recuerdo. Pero, ¿por qué? -intento sacar algo de todo esto y sé que el núcleo está en su pasado.
-No preguntes. Es solo por protección. Prométeme que lo harás. -me pide Marco Denti.
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